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6 Enfoques en el estudio del desarrollo cognoscitivo

Existen muchas similitudes entre el conocimiento en un niño y el desarrollo del conocimiento en la ciencia

Jean Piaget

El desarrollo cognoscitivo es un campo de estudio de la neurociencia y la Psicología que se enfoca en el desarrollo de los niños en aspectos como el procesamiento de la información, los recursos conceptuales, las habilidades de percepción, el aprendizaje del lenguaje y otros aspectos del cerebro adulto desarrollado, y de la Psicología cognitiva.

De igual manera, podemos indicar que el desarrollo cognoscitivo se relaciona con la expansión de las habilidades intelectuales y mentales del niño. El conocimiento implica reconocer, procesar y organizar informacion para luego utilizarla en forma apropiada. El proceso cognoscitivo de un niño incluye actividades mentales como descubrir, interpretar, separar por categorías, clasificar y recordar información.

Los investigadores del desarrollo cognoscitivo buscan formas para entender como un bebé o un niño aprende e internaliza el conocimiento. Existen 6 enfoques para estudiar el desarrollo cognoscitivo humano, que los podemos describir de la siguiente manera:

 

1. El enfoque conductista

 

El enfoque conductista estudia los mecanismos básicos del aprendizaje, lo que hace parte del ámbito del desarrollo cognoscitivo. Los conductistas se interesan en la forma en que la experiencia modifica el comportamiento.

Un ejemplo del enfoque conductista en el estudio del desarrollo cognoscitivo es este: Los bebés nacen con la facultad de aprender de lo que ven, oyen, huelen, prueban y tocan, y tienen cierta capacidad de recordar lo que aprenden. Los teóricos del aprendizaje saben que la maduración es un factor limitante, pero su principal interés son los mecanismos del aprendizaje.

 

En este mismo orden de ideas, podemos observar primero dos procesos de aprendizaje que los conductistas estudian: el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante. Se puede describir el condicionamiento clásico con un ejemplo: Ansioso por captar los momentos memorables de Anna, su padre le tomó fotos en las que sonreia, gateaba y exhibia sus demás logros. Cada vez que se disparaba el flash, Anna parpadeaba. Una tarde, cuando la bebé tenía 11 meses, vio que su padre se llevaba la cámara a la altura de los ojos y parpadeó antes del flash. Había aprendido a asociar la cámara con la luz brillante, de modo que la sola presencia del aparato la hacía parpadear.

 

Es importante indicar que el parpadeo de Anna a la vista de la cámara es un ejemplo de condicionamiento clásico, en el que una persona aprende a dar una respuesta refleja, o involuntaria (en este caso, el parpadeo) a un estímulo (la cámara), que al principio no suscitaba la respuesta. Mediante el condicionamiento clásico, los niños anticipan un suceso antes de que ocurra, porque forman asociaciones entre estimulos, como la cámara y el flash, que por lo general ocurren juntos.

 

De igual manera, el aprendizaje por condicionamiento clásico se extingue (desaparece) si no se refuerza con asociaciones repetidas. Por ello, si Anna ve muchas veces la cámara sin el flash, dejará de parpadear cuando vea la cámara. Según el condicionamiento clásico, quien aprende es pasivo, absorbe y reacciona de manera automática a los estímulos.

 

A diferencia del condicionamiento clásico, el condicionamiento operante, se manifiesta cuando el bebé aprende que si balbucea despierta una atención cariñosa, por lo cual, aprende y actúa; es decir, opera sobre el ambiente. El infante aprende a dar cierta respuesta a un estimulo ambiental (balbucear al ver a sus padres) con el fin de producir un efecto particular (que los padres le presten atención). Los investigadores se valen del condicionamiento operante para estudiar otros fenómenos, como la memoria.

 

¿Se acuerda usted de algo que haya pasado antes de que cumpliera dos años de edad? Lo más probable es que no. Esta incapacidad de recordar los primeros acontecimientos se lama amnesia infantil. Los científicos del desarrollo han propuesto varias explicaciones para este fenómeno común. Una, sostenida por Piaget, es que los primeros sucesos no son retenidos en la memoria porque el cerebro no se ha desarrollado de manera suficiente para guardarlos. En cambio, Freud creía que los primeros recuerdos se guardan, pero están reprimidos porque suscitan emociones perturbadoras. Otros investigadores sostienen que los niňos no retienen hechos en la memoria mientras no puedan verbalizarlos.

 

2. El enfoque psicométrico

 

Este enfoque se caracteriza por medir las diferencias cuantitativas de las habilidades que comprende la inteligencia, mediante pruebas que indican o pronostican dichas habilidades.

 

Podemos establecer que aunque no hay un consenso cientifico claro sobre una definición de inteligencia, la mayoría de los profesionales del desarrollo están de acuerdo en que la conducta inteligente se dirige a una meta y es adaptativa: está destinada a ajustarse a las circunstancias y condiciones de la vida. Por medio de la inteligencia, como se la entiende comúnmente, las personas adquieren, recuerdan y aprovechan el conocimiento; entienden conceptos y relaciones, además que resuelven los problemas cotidianos.

 

Resulta importante indicar que durante muchos años se ha debatido la naturaleza precisa de la inteligencia y el mejor método para medirla. El movimiento moderno de pruebas de inteligencia comenzó en el siglo xx, cuando las autoridades escolares de Paris le pidieron al psicólogo Alfred Binet que ideara un medio para identificar a los niños que no podrían satisfacer el trabajo académico y necesitarían educación especial. Empiezan las pruebas de inteligencia (como comprensión y razonamiento) y, a partir de los resultados de esas medidas, pronostican el desempeño futuro (como el aprovechamiento escolar).

 

Así mismo, las pruebas de coeficiente intelectual (CI) están conformadas por preguntas o tareas que se supone que muestran cuánto posee una persona de las habilidades medidas al comparar su desempeño, con las normas establecidas por un grupo numeroso de personas que respondieron la prueba, en una muestra estandarizada

 

En el caso de los niños en edad escolar, las calificaciones de las pruebas de inteligencia pronostican el desempeño académico en forma bastante exacta y confiable. Evaluar a lactantes e infantes es otra cuestión. Como ninguno de ellos puede decir lo que sabe ni qué piensa, la manera más obvia de medir su inteligencia es a través de la evaluación de lo que pueden hacer. Pero si no toman una sonaja, es dificil decir si no saben cómo, si no tienen ganas, si no se dan cuenta de lo que se espera que hagan, o perdieron el interés.

3. El enfoque piagetiano

 

Este enfoque atiende a los cambios (o etapas) de la cualidad del funcionamiento cognoscitivo. Se interesa en la forma en que la mente estructura sus actividades y se adapta al ambiente.

 

Una de las etapas que describe Piaget del desarrollo cognoscitivo es la etapa sensorio motriz. Durante ella (que abarca del nacimiento, a aproximadamente los dos años), los infantes aprenden sobre ellos mismos y su mundo a través de sus actividades sensoriales y motrices en desarrollo. Los bebés dejan de ser criaturas que responden principalmente por reflejos y conducta azarosa y se convierten en niños con objetivos.

 

En este mismo sentido, la imitación es una forma importante de aprender; la cual adquiere más valor hacia el final del primer año, cuando los bebés ensayan habilidades nuevas. Piaget sostenía que la imitación invisible (la imitación con partes del cuerpo que el bebé no ve, como la boca) se desarrolla hacia los nueve meses, después de la imitación visible, que es el uso de lo que puede ver el bebé, como manos y pies. Sin embargo, en una serie de estudios de Andrew Meltzoff y M. Keith Moore, Los bebés de menos de 72 horas parecían imitar adultos: abrian la boca y sacaban la lengua, una respuesta que en otras investigaciones se vio que desaparecía hacia los dos meses. Según Meltzoff y Gopnik, esta conducta imitativa primeriza es el resultado de un mecanismo evolutivo «como yo», por el cual el infante trata de imitar rostros que poseen las mismas propiedades que el suyo (como que pueda sacar la lengua). Este mecanismo «como yo» puede ser la base de la cognición social, que es la capacidad de entender las metas, acciones y sentimientos de los demás. También sugirieron que los infantes tienen una predisposición innata a imitar rostros humanos que quizá cumpla un propósito evolutivo (de supervivencia) o de comunicación con quien los cuida.

 

De igual manera , la capacidad de percibir el tamaño y la forma de los objetos y de discernir sus movimientos podria ser un mecanismo evolutivo primitivo para evitar a los depredadores. El concepto de objeto (la idea de que los objetos tienen su propia existencia, características y ubicación en el espacio) es un desarrollo cognoscitivo posterior, fundamental para lograr una imagen ordenada de la realidad física. El concepto de objeto, que es la base de la conciencia de los niños de que existen aparte de los objetos y de otras personas, es esencial para entender un mundo lleno de objetos y sucesos.

 

Resulta importante indicar que un aspecto del concepto de objeto es la noción de permanencia de objeto, la constatación de que permanece un objeto o persona sigue existiendo aún cuando no esté a la vista. En el juego de las escondidas puede seguirse el desarrollo de este concepto. En muchas culturas la noción de permanencia de objeto se desarrolla de manera paulatina durante la etapa sensoriomotriz. Al principio, los infantes no poseen tal concepto. En la tercera subetapa, más o menos de los cuatro a los ocho meses, buscan cosas que se les cayeron; pero si no las ven, actúan como si no existieran.

 

En la cuarta subetapa, de los ocho a los 12 meses, las buscan en donde las vieron antes de ver que las escondieran, aun si después observaron que las cambiaban de lugar. En la quinta subetapa, de 12 a 18 meses, ya no cometen este error, según Piaget: buscan un objeto en el último lugar en el que lo vieron, no en un lugar donde no vieron que lo escondieron. En la sexta subetapa, de 18 a 24 meses, queda establecida por completo la noción de permanencia de objeto, y los niños los buscan incluso si no vieron que lo escondieron.

 

La teoría de los sistemas dinámicos de Esther Thelen postula que la decisión de dónde deben buscar un objeto escondido no está relacionada con lo que los bebés saben, sino con lo que hacen y por qué. Un factor de importancia es cuánto tiempo ha transcurrido entre que el niño vio que se escondía el objeto en un lugar nuevo y cuándo va a buscarlo.

 

Según Piaget, el pasaje de la conducta refleja al pensamiento es largo y lento. Durante 18 meses, los bebés aprenden solo a través de sus sentidos y movimientos; es hasta los 18 a 24 meses cuando logran el salto al pensamiento conceptual. Asi, como hemos visto, las investigaciones con tareas simplificadas e instrumentos modernos apuntan a que lo que Piaget consideraba como ciertas limitaciones en las primeras habilidades cognoscitivas de los pequeños serían más bien capacidades lingüísticas y motrices inmaduras.

 

4. El enfoque del procesamiento de la información

 

Este enfoque se basa principalmente en la percepción, el aprendizaje, la memoria y la solución de problemas. Pretende descubrir cómo procesan la información los niños desde que la reciben hasta que la utilizan.

 

Podemos establecer que los investigadores del procesamiento de la información analizan y separan partes de una tarea compleja, como las tareas de búsqueda de objetos de Piaget, para averiguar qué habilidades son necesarias para llevar a cabo cada componente de esas tareas, y a qué edad se adquieren. Los investigadores del procesamiento de la información también miden y hacen inferencias a partir de lo que lama la atención de los infantes, y durante cuánto tiempo lo hacen.

 

Un buen ejemplo del enfoque del procesamiento de la información es el siguiente: Alrededor de las seis semanas, Stefan descansa tranquilamente en su cuna junto a la ventana, succionando su chupón. Es un día nublado, pero de pronto el Sol se asoma y un haz de luz toca el extremo de la cuna. Stefan deja de succionar unos minutos y mira fijamente el patrón de luz y sombra. Luego voltea a otro lado y sigue chupando. No sabemos lo que pasó por la mente de Stefan cuando vio el haz de luz, pero por su conducta de succionar y mirar sabemos en qué momento prestó atención y cuándo se detuvo.

 

Es necesario indicar que gran parte de la investigación del procesamiento de información con infantes se basa en la habituación, un tipo de aprendizaje en que la exposición repetida o continua a un estímulo, como el haz de luz, reduce la atención que se le presta. En otras palabras, la familiaridad provoca que se pierda el interés.

 

Así mismo, los investigadores estudian la habituación en los recién nacidos presentándoles varias veces un estímulo (por lo común, un diseño sonoro o visual) y luego vigilan respuestas como la frecuencia cardiaca, movimientos oculares y actividad cerebral. Un tiempo que dedica un bebé a mirar diversos objetos es una medida de su preferencia visual, que se basa en la capacidad de hacer distinciones visuales. Los bebés de menos de dos dias parecen preferir las líneas curvas a las rectas, los diseños complicados a los simples, los objetos tridimensionales a los planos, las imágenes de rostros (o configuraciones semejantes a rostros) a otras cosas y objetos nuevos, que a los conocidos. Esta última tendencia se llama preferencia por las novedades.

 

La memoria de reconocimiento visual se mide así: se muestran a un infante dos estímulos uno al lado del otro, uno familiar y uno desconocido. Cuando el bebé mira un nuevo objeto durante más tiempo, significa que comprende que ya había visto el otro. La memoria de reconocimiento visual depende de comparar la información recibida con la que ya se tiene; en otras palabras, depende de la capacidad de formar y remitirse a representaciones mentales.

 

A diferencia de la opinión de Piaget, en estos estudios se indica que existe por lo menos una capacidad representacional rudimentaria desde el nacimiento o muy poco después, la cual mejora con rapidez. Las diferencias individuales de eficiencia en el procesamiento de la información reflejan la velocidad con la que los infantes forman y se remiten a tales imágenes mentales. Cuando se les muestran dos estímulos al mismo tiempo, los infantes que cambian con rapidez su atención de uno al otro tienen una mejor memoria de reconocimiento y una preferencia más fuerte por las novedades, que los niños que se detienen más tiempo en uno solo.

5. El enfoque de las neurociencias
cognoscitivas

 

Este enfoque examina la parte física del sistema nervioso central. Trata de identificar qué estructuras del cerebro participan en aspectos concretos de la cognición.

 

La afirmación de Piaget de que la madurez neurológica es un factor importante del desarrollo cognoscitivo ha sido confirmada por la investigación moderna, que revela que las rachas de crecimiento del cerebro (periodos de crecimiento y desarrollo acelerado) coinciden con cambios en la conducta cognoscitiva.

 

En cuanto al estudio de los sistemas de memoria, algunos investigadores han practicado barridos cerebrales para determinar cuáles funciones son afectadas por determinadas estructuras, y para trazar el mapa de los cambios del desarrollo. Los barridos cerebrales aportan evidencia física de la ubicación de dos sistemas distintos de memoria de largo plazo (implícita y explícita) que adquieren y guardan diferentes tipos de información. La memoria implícita, que se desarrolla al comienzo de la infancia, atañe a los hábitos y destrezas que se adquieren sin esfuerzo, como saber lanzar una pelota o que un niño patee un móvil familiar. La memoria explícita es el recuerdo consciente o deliberado de, por lo regular, hechos, nombres, sucesos  u otra información que pueda enunciarse y declararse.

 

El este mismo sentido, la imitación diferida de conductas complejas evidencia que la memoria explicita está en desarrollo a finales de la infancia. Sin embargo, al comienzo de la infancia, cuando las estructuras que resguardan la memoria todavía no están bien formadas, los recuerdos padecen de cierta fugacidad. La maduración del sistema del hipocampo es lo que hace posible tener recuerdos más duraderos.

 

Se puede indicar que la parte más grande del lóbulo frontal (que está detrás de la frente), la corteza prefrontal, controla muchos aspectos de la cognición. Esta parte del cerebro se desarrolla con mayor lentitud que las demás. En la segunda mitad del primer año, la corteza prefrontal y sus conexiones adquieren capacidad para establecer una memoria de trabajo, que es un almacén de corto plazo donde se deposita la información que procesa el cerebro, y se preparan o se recuperan las representaciones mentales.

 

Del mismo modo, la aparición tardía de la memoria de trabajo sería la causa del lento desarrollo de la noción de permanencia de objetos, que al parecer ocurre en una parte posterior de la corteza prefrontal. A los 12 meses, esta región está desarrollada lo suficiente para que el niño evite los errores de búsqueda al controlar el impulso de indagar en el sitio donde antes se encontraba un objeto.

 

Resulta importante establecer que los sistemas de la memoria siguen desarrollándose después de la infancia, la emergencia de las estructuras cerebrales de la memoria en esa época subraya la importancia de la estimulación ambiental durante los primeros meses de vida. Los teóricos e investigadores contextual-sociales prestan atención sobre todo al efecto de las influencias ambientales.

 

6. El enfoque contextual social

 

El enfoque contextual social estudia los efectos de los aspectos ambientales en el aprendizaje, sobre todo el papel de los padres y otros adultos.

 

Los investigadores infiuenciados por la teoría sociocultural de Vygotsky estudian las formas en que el contexto cultural incide en las primeras interacciones sociales que fomentan las competencias cognoscitivas. El término participación guiada se refiere a las interacciones recíprocas con adultos, que ayudan a estructurar las actividades de los niños, y salvar la brecha entre lo que entienden unos y otros.

 

Este concepto se inspiró en la idea de Vygotsky de que el aprendizaje es un proceso colaborativo. La participación guiada ocurre en juegos compartidos y en las actividades cotidianas ordinarias en las que los niños aprenden de manera informal las habilidades, conocimientos y valores importantes en su cultura.

 

En un estudio transcultural, los investigadores visitaron el hogar de 14 niños de uno a dos años en cuatro localidades: un pueblo maya en Guatemala, una aldea tribal en India y vecindarios de clase media urbana en Salt Lake City y Turquía. Los investigadores entrevistaron a los cuidadores a propósito de sus costumbres de crianza y observaron cómo enseñaban a sus hijos a vestirse solos y a jugar con juguetes desconocidos.

 

Las diferencias culturales influyeron en el tipo de participación guiada que observaron los investigadores. En el pueblo guatemalteco los niños veían a su madre tejer y coser en casa para contribuir a la manutención de la familia, mientras que en la aldea hindú la acompañaban al trabajo en el campo. En ambos casos, los niños jugaban solos o con sus hermanos mayores mientras la madre trabajaba cerca. Después de la demostración e instrucción inicial, principalmente no verbal, sobre cómo, por ejemplo, atarse los zapatos, los niños se hacían cargo, mientras el padre u otro adulto permanecían cerca para ayudar.

 

De igual forma, los niños estadounidenses, que tenian una madre ama de casa de tiempo completo o que estaban en una guardería, se relacionaban con sus padres en el contexto del juego del niño, no en el mundo laboral o social de los progenitores. Los cuidadores hablaban con los niños como iguales, conducían y motivaban su aprendizaje con elogios y entusiasmo. Las familias turcas, que se encontraban en transición de una vida rural a una urbana, seguian una patrón intermedio.

 

Según esta investigación, el contexto cultural influye en lo que aportan los cuidadores al desarrollo cognoscitivo. La participación directa de los adultos en el juego y aprendizaje de los niños puede estar mejor adaptada a una comunidad urbana de clase media, en la que los padres o los cuidadores tienen más tiempo, más capacidades verbales y posiblemente más interés en el juego y el aprendizaje de los niños, que en una comunidad rural de un país en desarrollo; en la cual los niños observan y participan en las actividades laborales de los adultos.